Duelos y Quebrantos
VII Certamen de Relatos Breves
“Dr.Zarco”
Fundación Hospital Clínico
San Carlos,
Madrid 2017
2º Premio
Por Miguel Ángel Díaz Pintado
Después de mucho vino, sin miedo, a Cervantes
Ingredientes
—¡Chorizo, que no sois más que un chorizo! —acusó altanera la panceta.
—Con propiedad habláis, pedazo de carne grasienta. Mas, ¿quizá esperáis con ello ofenderme? A la naturaleza debo mi linaje y del mismo ambos procedemos. ¿Renegaréis acaso de vuestra marrana condición?
—En toda familia hay garbanzos negros y vos, chorizo, no sois sino una suma de desechos.
—¿Desechos decís? ¡Grande es la ignorancia que os adorna! ¿Desechos? ¡Hechos y bien derechos! Con las mejores carnes y los más dulces manejos. Además, bien sabéis que en este negocio, sin mi concurso, no haríamos sino un aguachirles.
—Ya veo que en muy alta estima os tenéis. Pero he de deciros, mal que os pese, que este asunto es cosa de dos: a mis tocinos blancos, prietos y entreverados, con buen guiso y mejor sazón, solo una cosa le falta…
—¡Manda huevos! —exclamó el chorizo.
—¡Bien que lo sabéis, vive Dios! ¡Hay que echarle huevos!, dos por comensal mejor que uno. Y, aunque mucho os creéis, hermano chorizo, vuestro papel en esta obra es secundario y hasta prescindible, si me apuráis.
—¿No pensaréis en vetarme?
—Descuidad, querido, no es ese mi afán. Y aunque creo que con mis vetas sería más que suficiente, unos trozos de vos y alguna patata en rodajas finas, darán buen color al guiso, mejor cuerpo a la cazuela y un suculento sabor a la lengua.
—¿Patata? ¡No es posible que habléis en serio!, ¡la patata es una intrusa, una advenediza! ¿cómo osáis incluir a esa recién venida?
—Pronto os estáis a la ofensa, querido primo. Calmaos, os lo ruego. La patata, bien lo sabéis, es alimento a mano y socorrido, llena las tripas a precio reducido y a nuestro humilde negocio no le vendrá nada mal un poco de relleno.
—¡Pues que conste mi protesta por escrito!
—Constará, constará si ese es vuestro deseo. Pero dejemos de una vez los pleitos y los litigios. Ya han quedado claras las jerarquías y aquí todos sabemos ya quién manda. Ahora se trata de pasar a la acción, sin más zarandajas.
Cocinado
—Mas, ¿cuál es el plan? —preguntó el chorizo.
—Prestad mucha atención y tomad buena nota —dijo el tocino —: antes de mi concurso vos habréis de dar en la sartén vuelta y vuelta. Aflojad ese ajustado traje en el que vais embutido, abrid el frasco de las esencias y perfumad el bálsamo en el que yo habré de lucir mis mejores galas.
—Veo que no renunciáis a que os hagan los honores que creéis tan merecidos…
—Y mirad bien de no propasaros, pues en vez de chorizo seríais churrasco.
—No temáis, que llevaré buen cuidado, mas lo mismo os digo. No vaya a ser que en torrezno se convierta el tocino y hagamos de este pan unas tortas y de este negocio un higo.
—Así pues, en la sartén habremos de mezclarnos —aseveró la panceta.
—Muy cierto, señor mío. Pero no sufráis. Mantendréis vuestra esencia, aunque intercambiemos fluidos. ¿Y después?
—Después, querido amigo, vendrá a nosotros la patata. Sé que os incomoda, incluso que os enoja. Intrusa, advenediza, y todo lo que queráis. Quitadla si tanto rechazo os suscita; pero si la aceptáis, acogedla con salero y dejad que se cueza lenta en nuestra salsa, hasta que esa apariencia tosca y dura se ablande y el tenedor entre en su corazón como el cuchillo entra en la manteca.
—Y ¿cómo termina la cosa?, pues ya se me antoja que esto se alarga más de la cuenta.
—¡Pero qué chorizo más impaciente sois! Nadie diría que pasáis largas temporadas colgado de un clavo, boca abajo y al pairo. Todo acaba ya, primo, todo acaba ya. En un trís se cascan los huevos, se echan y se revuelven, y en un trás está hecho el sustento. Y es merced de Dios…
Presentación
—… Y es merced de Dios —secundó el chorizo— que con estos huevos y torreznos demos satisfacción al hambre y quebremos, así, los duelos.
—… Y no habiendo comida más cristiana, ya que de nos huyen judíos y mahometanos, seremos sustento de hidalgos por allá cuando la vigilia de los sábados —concluyó al fin la panceta —. Servidlo pues en las cazuelas, que ya la boca se me hace agua. ¡Y traed aquellas jarras, porque esta comida a mucho vino llama! ¡Servid, servid de una vez estos Duelos y Quebrantos!, que Dios es justo y aquí tenéis una buena prueba.
