Silencio
II Premio Nacional de Narrativa
Breve
Villa de Madrid
2017
Finalista con Mención Honorífica
Por Miguel Ángel Díaz Pintado
Mil veces paseé entre sus árboles caminando por sus senderos, aspirando el aire límpido y fragante,
pisando el crujiente ropaje desechado tras el estío, buscando el amparo de sus umbrías. Y mil veces creí
disfrutar de su silencio, testigo mudo de mis pasos, de mis horas, de mis pensamientos.
Hoy he vuelto allí. Los rescoldos ya hace tiempo que se apagaron y el aire vuelve a ser límpido, pero no
huele, no huele a nada. La alfombra de ceniza acalla mis pasos, que trazan de nuevo el camino. Del sol no
hay sombra que me alivie y que me acoja: todo es solana. El viento no encuentra en los esqueletos que
aún quedan en pie el instrumento con el que tocar su rumorosa melodía. No hay cantos y trinos: los
pájaros fueron los primeros en irse. Y donde yo creí, inconsciente, que había silencio, ahora sí, ahora hay
un silencio que aplasta, un silencio que sobrecoge, que intimida, que paraliza.
Hoy, demasiado tarde, me he dado cuenta: sin saberlo amaba su ruido.
He vuelto a casa. Ella ya hace tiempo que se fue. Mi llegada no encuentra unos pasos apresurados que
reciban, ni una voz que celebre, ni unos brazos que alivien y que acojan. De la cocina ya no llegan ni
fragores ni aromas. No huele a nada. No hay lugar para la sorpresa, para lo imprevisto. Tal como todo lo
dejé, así está. No están sus cantos ni tarareos: fue lo primero que noté al irse. Y donde yo creí,
inconsciente, que todo era trajín y alboroto, ahora solo hay silencio, un silencio que aplasta, un silencio
que sobrecoge, que intimida, que paraliza.
Amaba su ruido sin saberlo: me he dado cuenta hoy. Demasiado tarde.
